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LA SIERVA DE DIOS CLARA DE CASTELBAJAC
(26 de octubre de 1953 - 22 de enero de 1975)
Testigo de nuestra vocación a la felicidad

Clara nació en Paris el 26 de octubre de 1953.  Después de pasar sus cinco primeros años de vida en Marruecos, vivió, exceptuando el tipo de sus estudios, en plena campaña del Gers en Francia, en la vieja propiedad familiar de Lauret.

Desde el despertar de su conciencia, manifestó una intensa sed de vivir, un interés profundo por los demás, una generosidad de corazón apasionado y un atractivo muy especial por las cosas de Dios.  No ponía medida en lo que amaba, en lo que deseaba, en lo que daba.

A los cinco años y medio, hizo su Primera Comunión.  Desde entonces, no dejan de crecer su confianza ilimitada en Dios y su sereno y total abandono en la Virgen María.

Despés de unos buenos estudios, entró en el Instituto Central de Restauración en Roma (pintura y frescos).  Su vida parece muy fácil, sin embargo sufrió mucho, teniendo que sostener rudos combates:

-         a través de la enfermedad, que la prueba desde su infancia hasta su muerte;

-         en la lucha contra su sensibilidad excesiva y su impetuosidad;

-         en su sufrimiento por la crisis que se vive en la Iglesia;

-         finalmente, por las dificultades y tentaciones que la rodean fuertemente durante su primer año en Roma.

Pero la gracia actúa.  Y ella corresponde con su abandono en Dios, con sus “familiaridades con la Virgen María” y “todas las gentes del cielo”, como a ella le gustaba decir.  Los últimos meses de su vida está radiante de equilibrio y de alegría sobrenatural.

Una peregrinación de tres semanas a Tierra Santa, verdadera “peregrinación de pobres”, tiene sobre ella una influencia determinante.  A su regreso, de octubre a diciembre de 1974, restaura dos frescos de la basílica de San Francisco en Asís.  Tiempos de recogimiento excepcional, de luz, de felicidad.

¡Qué alegría para ella poner sus pasos en los pasos de Cristo!, con este entusiasmo que la caracteriza, guardando todas las cosas en su corazón para meditarlas después bajo las bóvedas de Asís, ¡antes del encuentro definitivo y eterno!...

Clara vuelve a Lauret para las vacaciones de Navidad, radiante de alegría, desbordante de vitalidad.  Y esta es la alegría que no engaña: es la alegría del Reino que ya ha comenzado en la tierra, la de los hijos de Dios que ponen todo en sus manos y que ya no temen nada porque se siente amados. Y de este amor Clara está llena. No hay más preguntas o deseos para ella, solo existe la alabanza, el Amor.  Probada y purificada, su Fe triunfa.

El Lunes 30 de diciembre de 1974, quiere pasar un día en Lourdes con sus padres. Al pie de la gruta, insensible a todo, postrada, reza mucho tiempo.  ¿La Virgen le da una señal?... ¿Le pide un testimonio supremo de su amor?...

En la mañana del 4 de enero, primer sábado de mes, de los que Clara era tan devota, se le declara una meningo-encefalitis fulminante que fue un verdadero calvario.

Y el 22 de enero de 1975 –tenía veintiun años y tres meses de edad- Clara entra en la Eternidad a la que Dios le llamaba.

El privilegio de Cara fue comprender y hacernos comprender que la confianza total engendra la alegría de los hijos de Dios y que nuestra vocación a la felicidad puede y debe realizarse ya en parte sobre la tierra.

 

Para conocerla mejor:
"Clara de Castelbajac - Lauret " EDICEP 1995

 

 
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Mis à jour le: 14-09-07

 

© Abbaye cistercienne Ste Marie de Boulaur. 

© Photographies: Editions Gaud ; Casa Generalizia O.Cist. ; Abbaye de Boulaur

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